martes, 19 de abril de 2016

Ahmed y los magos

 
doble cuento y doble chiste
 
Cierto día, se encontraban tres jóvenes aprendices de magos discutiendo acaloradamente. Cada uno de ellos pensaba que su maestro era mas grande, sabio y poderoso que el de los otros dos y que, por lo tanto, ellos mismos serian magos mas grandes, sabios y poderosos que el resto.
Escuchaba la conversación un joven llamado Ahmed, quien precisamente estaba muy interesado en cuestiones de magos, sabios y hechiceros. Se acerco entonces a los discutidores para plantarles su inquietud:

-Disculpen -los interrumpió-, no pude menos que escuchar vuestro debate, que me intereso vivamente pues yo también desearía adquirir los conocimientos necesarios para convertirme en un gran mago. ¿Alguno de ustedes podría recomendarme un buen maestro que aceptara tomarme como aprendiz?
Los jóvenes magos dejaron de discutir, se miraron entre ellos y luego respondieron al unísono:
-¿Un buen maestro? ¡Por supuesto, el mío!
Y volvieron a discutir.
-¿¡Que dices?! ¡Tu maestro es un charlatán!
-¡Y el tuyo, un farsante!
-¡Por supuesto, no hay duda de que vuestros son farsantes y charlatanes! ¡Es al mío a quien debes recurrir, muchacho, y pasare a demostrártelo! ¡Mira!
Se dirigió a paso vivo hacia una fuente, hundió su báculo en el agua y grito:
-¡SECARAGUAYA!
Ahmed lanzo un silbido de admiración al comprobar que la fuente se había secado y ni una gota de liquido quedaba en ella. Pero, de inmediato, el segundo mago hundió su báculo en la fuente con una gran mueca y palabras de deprecio:
-¡No confundas al joven con trucos baratos! ¡Mírame a mi!
¡MOJARACHORRARA!
Ahmed lanzo otro silbido de admiración al comprobar que de la fuente volvían a manar chorros de agua cristalina.
-¡Esa pavada la hace cualquiera! -manifestó el tercero-. ¡Observa  bien y comprueba mis poderes!
Y tocando el báculo el borde de la fuente, grito:
-¡ZEVAPAYA!
Al instante, la fuente desapareció.
-¡Eso también es una pavada que puede hacer cualquiera! -le respondió el primer mago, agitando su báculo. Y de inmediato exclamo:
-¡SEVAPACA!
La fuente volvió a aparecer.
Decidido a no quedarse atrás, el segundo mago replico:
-¡Esos son trucos de principiantes! ¡Yo les demostrare lo que es la verdadera magia!
Y los llevo a las orillas de un rio, donde anuncio muy solemne:
-¡El que pueda caminar sobre las aguas sin mojarse siquiera las sandalias, que me siga!
Pero ninguno de los otros dos magos se movió, y se quedaron mirando desde la orilla como su compañero se adentraba en el rio, hundiéndose sin remedio hasta que no hizo pie y comenzó a bracear desesperado.
-¡Esta ve no me salió! ¡Pero esperen a que vuelva y ya verán que me sale! ¡Ya veraaaaaan! -siguió gritando mientras la corriente lo arrastraba rio abajo.
-Bah -dijo uno de los magos-, igualmente ese es un truco que ya no impresiona a nadie. ¿Quieres ver algo impresionante muchacho? ¡Yo te lo mostrare!
Y se encamino energético hacia un árbol, junto al cual había un esqueleto de buen tamaño.
-Lo que ves aquí es el esqueleto de un león. Lo que verás a continuación, será un león de carne y hueso.
¡PELACARNAZA! -grito y, tal como lo había anunciado, de inmediato el esqueleto se transformo en el cuerpo de un verdadero león. Pero el otro mago, entonces, desafió: 
Tu podrás rellenarlo, pero yo puedo hacer que camine y respire!
-¡Pst! -respondió su compañero-. ¡Si es por volverlo a la vida, yo también puedo hacerlo!
-¡A que no! -respondió el otro.
-¡A que si! - insistió el primero.
Tratando de adelantarse el uno al otro inclinaron sus báculos hacia el cuerpo de la bestia y gritaron al unísono:
-¡BUFAZARAVA!
Sobrevino un pesado silencio que fue quebrado por el grito de jubilo de uno de ellos.
-¡Lo he vuelto a la vida! ¡Respira!
-¡No has sido tu, he sido yo! -respondió el otro.
Mientras seguían discutiendo, Ahmed miro a uno, a otro miro al león, y sin mas, trepo rápidamente al árbol hasta llegar a la rama mas alta.
Fue en ese instante cuando el león abrió los ojos, se incorporo, sopeso la cantidad de carne que tenia enfrente, y decidio que era hora de desayunar.
Ahmed se quedo un lrgo rato arriba del árbol viendo a los magos huir a toda velocidad del hambriento león, que los quería como banquete. Luego bajo del árbol y dijo:
-Creo que mejor me dedico al comercio. Y silbando bajito, emprendio el regreso a su hogar.
 


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